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17 agosto 2010

EL EFECTO MARIPOSA

El carpintero metálico, tipo fornido y de brazos bronceados por las chispas que genera la soldadora eléctrica se alegra de las medida que ha tomado su presidente Zapatero.

El camarero autónomo, dueño de un bar de barrio, hombre sacrificado y eficiente en la ardua tarea de regentar su negocio, celebra que el gobierno baje el sueldo a los funcionarios.

La dependienta de Zara a quién el uniforme negro queda tan bien, aplaude los recortes que el ejecutivo lleva a cabo en las retribuciones de los empleados públicos, mientras menea el culito entre prendas y clientes.

El dueño del gimnasio de la esquina, joven emprendedor, tan aficionado al deporte como a las agujas, dice que ya era hora de que se metiera mano a esa panda de vagos y caraduras.

La cajera del supermercado - hartita de trabajar dentro y fuera de su casa -es de la misma opinión que el señor que en ese momento está pagando, un jubilado de Europapel que no aprueba que se congelen las pensiones pero sí que se rebaje el sueldo a los funcionarios.

Antonio el frutero, que se levanta todos los dias a las cinco de la mañana para ir a la lonja, explica a la Rafi la de la papeleria, mientras le pesa las manzanas fugi, que esto lo tenia que haber llevado a cabo el gobierno hace mucho tiempo, que por culpa de lo que se ha venido gastando en todos estos parásitos no productivos que son los empleados públicos, nos vemos como nos vemos...

El funcionario regresa andando a su casa pensando como le va a afectar el recorte de su salario y de que manera puede minimizar el impacto que el mismo va a tener en su economía doméstica.

Piensa que lo primero que va a desechar son los gastos inútiles; así, decide que el mes que viene no irá al gimnasio de la esquina: sale más barato correr en el parque, y además, es más sano. Los abdominales los hará en casa con los pies metidos debajo de la cómoda.

Hace así, memoria de los polos y camisas que tiene en el armario y determina que tampoco necesita renovar el vestuario este verano. La pena es que no podrá recrearse en la visión de alguna que otra dependienta.

No piensa renunciar a la cervecita, pero en lugar de tomarla en el bar de el barrio, se comprará unas latas, aunque no en el supermercado habitual en el que las dependientas están hartitas de trabajar dentro y fuera de la casa y que es un par de céntimos más caro que el Día.

También ha tomado la determinación de comprar la verdura en una fruteria más barata que la de Antonio el frutero. La calidad será peor, pero total, lo verde está malo de todos modos.

En cuanto las reformas que necesita su casa, no tiene duda de que estás habrán de esperar a tiempos mejores si es que llegan. De modo que nada de cambiar los cierres de aluminio.

Y así, el funcionario llega a casa, ignorante de lo que el presidente de su gobierno va a ayudarle a ahorrar.

...Y todos los demás se quejarán más el mes que viene porque venderán menos....

¡¡ Por culpa de los funcionarios ¡¡